Diez años de Twitter

Hilo de origen: https://twitter.com/moisescabello/status/991748608411226113

Cuando me registré hace diez años, Twitter era un lugar bastante más pequeño y aburrido. El número de temas de que se hablaba aún estaba expandiéndose, con la tecnología como epicentro. No había ranking de trending topics, ni hashtags o retweets integrados en la plataforma.

Al principio, era Twiter

En aquel entonces aún se creía que Twitter o Facebook (hasta Google) eran éxitos de un día, arrolladores pero modas al cabo, y que sucumbirían tras la siguiente startup innovadora. Era una época en la que aún coleaba el término “web 2.0”. La siguiente iteración acabaría con todo.

Mucho ha llovido. La parte buena ahora es mucho mejor. Los contenidos interesantes se han multiplicado, y permite estar al día de maneras inimaginables, incluso seguir revoluciones o golpes de estado en tiempo real. Acerca a personas, grupos, empresas, instituciones, gobiernos.

Por no hablar de las iniciativas, alertas civiles salvavidas, ayudas para tratamientos médicos, programas benéficos, campañas solidarias, proyectos altruistas, negocios esperanzadores, que han nacido en un tweet y echado a volar gracias a la tumultuosa viralidad de esta red.

La parte mala ahora es monstruosamente peor. El discurso público y la lucha por controlarlo se ha ido trasladando a Twitter. Grupos e ideologías enfrentados que claman ser “el bien” no se privan de ejércitos de bots, fake news, linchamientos textuales, acoso, apología del odio etc, en un vergonzante e hipócrita ping pong que se maquilla gracias a las cámaras de eco y el input endogámico. La propia Twitter ha sido muy tímida a la hora de limitar el impacto de estos comportamientos, conocedora de que son las llamas las que la mantienen relevante como red social.

El uso provechoso de Twitter está ahí, y puede ser magnífico, aunque requiere cierto esfuerzo de amurallamiento por parte del usuario. Las “vacaciones de redes sociales” de moda hoy por el impacto en la vida diaria de tanto odio y negatividad eran impensables en 2008.

Me queda una sensación muy agridulce tras comparar lo que se esperaba de las redes sociales hace diez años y lo que son ahora. Resulta que “conectar a todo el mundo” sonaba y se ejecutaba genial cuando “el mundo” eran cuatro gatos y no cientos de millones de personas